Los beneficios de la poda anual en la viña.

Publicado : 24/02/2016 - Categorías : Curiosidades , Noticias

La poda de la viña La vid es una planta que en nuestro clima de Jumilla, al llegar el otoño y tras la caída de su hoja, empieza un proceso de hibernación necesario para recuperarse antes de empezar un nuevo ciclo. Esta fase tiene unos cuatro meses de duración aproximadamente, y se aprovecha para hacer la poda de la viña, que consiste en cortar las ramas -llamadas sarmientos- por el lugar deseado para dejar un número concreto de yemas, que determinará la carga de uva y el vigor durante año venidero.

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La poda de la viña es una operación que se considera de capital importancia para mantener el equilibrio de la vid y también de la calidad, así como la productividad, alcanzando un grado más homogéneo, año tras año. Durante los primeros años de la vid, también sirve para darle la forma definitiva y crear un microclima adecuado para el buen desarrollo y maduración de la uva. Se realiza con tijeras manuales o con asistencia mecánica, pero siempre con la intervención humana, siendo requeridos conocimientos y práctica suficiente para acometerla. Opcionalmente, se puede hacer una prepoda mecánica con el fin de cortar parcialmente los sarmientos y facilitar la tarea definitiva. Es interesante que las heridas y cortes sean lo más pequeños posibles, para evitar zonas de entrada de microorganismos, haciendo un tratamiento preventivo si fuese necesario. Durante el invierno la vid tiene un aspecto de madera seca, siendo capaz de soportar temperaturas muy extremas, incluso por debajo de 10ºC bajo cero, sin que la planta sufra lo más mínimo. Otra ventaja de estas temperaturas, es que se eliminan parte de las plagas de la viña. Los trozos de sarmiento serán triturados en el propio viñedo, contribuyendo de esta forma al enriquecimiento del suelo en materia orgánica, al ser descompuestos por la flora microscópica existente de forma natural en el terreno. Gastronomía ligada al vino de Jumilla Los sarmientos enteros, una vez secos, también tienen uso gastronómico, ofreciéndonos las brasas para el asado de las autóctonas chuletillas de cabrito de la raza murcianogranadina. Con la llama de su combustión, se prepararán sabrosos platos típicos como los gazpachos, el arroz con conejo y caracoles o la gachamiga, que deberán ser disfrutados acompañándolos de alguno de los vinos tintos de Casa de la Ermita con crianza en barrica. Ya sea directamente, o previamente transformados en leña granulada, también resultan de gran utilidad para calentarnos durante los fríos días de invierno.  

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